14/05/2026
Nueva York, años 50.
Cuando Judith Love Cohen le dijo a un orientador escolar que quería estudiar matemáticas avanzadas, él soltó una pequeña risa.
“Las chicas elegantes no necesitan ingeniería”, le dijo. “Necesitan buenos modales.”
Judith salió de esa oficina y se inscribió igual.
Entró a clases donde casi no había mujeres. Filas enteras de hombres. Ella, sola, tomando apuntes en silencio mientras algunos compañeros se burlaban cada vez que hacía preguntas.
Con el tiempo dejó de intimidarse. “Si nadie quería escucharme”, contó después, “aprendí a hablar más fuerte.”
Terminó ingeniería en una época donde casi ninguna mujer lo hacía. Después llegó una llamada que cambiaría su vida: NASA necesitaba ingenieros para el programa Apollo.
Allí comenzó a trabajar en uno de los sistemas más importantes de la misión lunar: el sistema de guía de emergencia del módulo lunar.
El plan B absoluto.
Si el computador principal fallaba en el espacio, ese sistema debía encontrar el camino de regreso a casa.
No podía equivocarse.
Durante meses vivió rodeada de cálculos, diagramas y códigos. Dormía poco. Revisaba ecuaciones una y otra vez. Cada error podía costar vidas.
En agosto de 1968 estaba embarazada de nueve meses… y seguía trabajando.
La mañana en que comenzaron las contracciones, llegó a la oficina con carpetas llenas de fórmulas bajo el brazo. Sus compañeros insistían en que fuera al hospital. Judith seguía revisando números.
Finalmente se marchó. Pero incluso en la sala de maternidad continuó escribiendo cálculos entre contracción y contracción.
Entonces encontró el problema.
Un fallo que llevaba días intentando resolver apareció claro frente a ella en mitad del parto. Hizo correcciones en los documentos, terminó las anotaciones… y poco después nació su hijo.
Ese bebé era Thomas Jacob Black. Décadas más tarde el mundo lo conocería como Jack Black.
Años después llegaría la prueba real.
13 de abril de 1970.
Explota un tanque de oxígeno en Apollo 13.
La misión cambia de exploración a supervivencia.
Tres astronautas quedan atrapados a más de 300 mil kilómetros de la Tierra utilizando un módulo diseñado para menos personas y menos tiempo del necesario.
Entonces entra en acción el sistema de respaldo en el que Judith había trabajado.
Ese sistema ayudó a estabilizar cálculos, orientar la nave y mantener viva la posibilidad de regresar.
Los astronautas volvieron a casa.
El mundo celebró a la tripulación. Dentro de NASA, muchos ingenieros sabían otra verdad: aquel “plan B” había marcado la diferencia.
Judith nunca buscó fama.
Después siguió trabajando en proyectos eґspaciales, satélites y sistemas de navegación. También escribió libros para niñas porque quería que otras mujeres imaginaran un futuro distinto al que le habían prometido a ella.
“No puedes convertirte en algo que nunca ves”, decía.
Murió en 2016, a los 82 años.
Tiempo después, Jack Black compartió una foto antigua de su madre junto a tecnología espacial y escribió algo que sorprendió a millones:
su mamá había ayudado a salvar Apollo 13… mientras estaba de parto con él.
A Judith le dijeron que no pertenecía a ese mundo.
Terminó construyendo tecnología que pertenecía al espacio.
Y gracias a ella, unos astronautas pudieron volver vivos a casa.