22/05/2026
¿Onta el bebé?
Rubén Rocha Moya lleva veinte días desaparecido del radar público y la Secretaría de Gobernación respondió prácticamente con un: “¿Y yo por qué?”. Rosa Icela Rodríguez aplicó la “Foxiña” edición Morena: evasivas, caras largas y ganas de abandonar la entrevista más rápido que funcionario en comparecencia incómoda.
La escena fue maravillosa y preocupante al mismo tiempo. Los reporteros preguntando dónde está el gobernador con licencia de Sinaloa y la encargada de la política interior respondiendo como estudiante que no hizo la tarea:
—“¿Ya lo buscaron?”
—“No vine a hablar de eso.”
Pero espérense… sí vino a hablar de desaparecidos.
La ironía ya no cabe en Palacio Nacional. Se derrama por las banquetas.
Mientras tanto, la presidenta Claudia Sheinbaum reconoce que colectivos le piden “romper el pacto criminal” y entregar a Rocha Moya. Pero en lugar de aclarar el asunto, el gobierno decidió aplicar la estrategia del avestruz institucional: esconder la cabeza y esperar que Twitter se distraiga con otra cosa.
Y aquí viene la pregunta incómoda:
si Gobernación sabe dónde está Rocha Moya… ¿por qué no aparece?
¿Está resguardado?
¿Está negociando?
¿Está enfermo?
¿Está escondido?
¿O simplemente descubrieron que en México un gobernador puede desaparecer veinte días y no pasa nada?
Porque imaginen tantito el escándalo si esto hubiera ocurrido con un gobernador del PAN o del PRI. Ya tendríamos marchas, documentales, mesas de análisis, hilos de veinte tweets y hasta Loret transmitiendo desde un helicóptero.
Pero como es de Morena, el protocolo parece ser:
“No sabemos.”
“No preguntes.”
“Y si preguntas mucho, se acaba la entrevista.”
En cualquier país serio, un gobernador desaparecido veinte días sería prioridad nacional. Aquí parece capítulo perdido de La Rosa de Guadalupe versión narcopolítica.
Y lo peor no es el silencio oficial.
Lo peor es que cuando el gobierno deja vacíos, la gente los llena sola. Ahí nacen rumores, teorías y desconfianza. Porque si la autoridad no aclara nada, el ciudadano empieza a creer cualquier cosa… y casi siempre termina imaginando algo peor que la realidad.
Veinte días después, México sigue sin saber dónde está Rocha Moya.
Pero eso sí:
el gobierno dice que todo está bajo control.
Como siempre.