11/05/2026
Muero también de dolor
Blas Cubas II
Salgo de donde Luis Ángel Parra henchido de optimismo y alegría; leo a Faciolince en Nunca tan lejos y jamás tan cerca, donde opina de la obsesión de los intelectuales en resaltar lo malvado mientras su escrito apoya el Elogio de la ociosidad de Bertrand Russell; admiro el genio de Rogelio Salmona en su última obra, la Biblioteca Virgilio Barco; gozo de la escultura de Ana María Samper, Hugo Zapata, Lidia Azout, Santiago Cárdenas y muchos otros; disfruto enormemente de la genialidad de Benjamín Villegas, de su obra, y de su espíritu emprendedor; me sorprendo del éxito descomunal de TransMilenio como útil de transporte, pero aún más, como medio de cambio; los viaductos de la vía al Llano o el campo de golf de Ruitoque Santander me enorgulle-cen; disfruto de las fumas más exquisitas de los ci****os buenvivir ex-traordinarios, hechos a mano y cultivados en Colombia por los España Arenas; adoro los aguacates Hass teos, pequeños y morados por fuera pero mantequilludos y sedosos por dentro y que caen como del cielo en cualquier finca de Colombia; cabalgo cómodo y tranquilo en bestias finas, bien trotonas, bien de paso fino; empalago mi gusto de arequipe casero formulado por nuestros antepasados; veo con alegría las playas de Cartagena y Santa Marta repletas de gordos y flacos, de buenasmozas y niños sonrientes; recorro muchas calles bogotanas en búsqueda de obleas José A. y oigo a los cuenteros del Parque de Lourdes; me descresta la ropa de Arturo Calle y me fascinan las habas o chicle boyacen-ce que llaman; muero por el coqueteo de nuestras mujeres que no hablan sino que miran y hablan sin abrir la boca; me deleito con el aroma del catetín de esquina; vivo y vibro con lo nuestro.
Y aún así, muero también de dolor de lo nuestro por lo nuestro.
1986