15/06/2025
Hola, ¿cómo están?
Hace unos días charlaba con una colega sobre la culpa, y me pareció interesante abrir este tema por acá.
Una persona puede sentir culpa por algo que hizo, por algo que no hizo, por lo que piensa o imagina, por disfrutar o no disfrutar, por elegir... o incluso puede aparecer sin motivo aparente.
Desde el psicoanálisis, podemos vincularla con dos conceptos clave: el superyó y el deseo.
El superyó, heredero del complejo de Edipo, se forma por la internalización de normas y valores de figuras parentales o quienes ocupan ese lugar. Es la instancia que señala qué “se debe” y qué “no se debe” hacer.
Muchas veces esas normas fueron tan rígidas que, ante cualquier desvío, aparece la culpa. Una especie de auto-reproche constante que nos hace sentir en falta, aún cuando no haya una transgresión real.
Por eso, es necesario revisar esas normas heredadas y preguntarnos cuánto tienen que ver con lo que realmente sentimos y pensamos. ¿Desde dónde actuamos: desde el mandato o desde el deseo?
Como dice Lacan:
“La única cosa de la que se puede ser culpable es de haber cedido en su deseo.”
La culpa aparece cuando traicionamos eso que verdaderamente queremos. Es el reclamo del superyó frente a lo que “debemos”. En cambio, la responsabilidad es la conciencia del sujeto respecto de su deseo.
Cuando una persona se reconoce en su deseo y se responsabiliza por él, ya no lo niega ni lo cede.
➡️ La culpa se resuelve asumiéndola.
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