14/10/2026
Lo llamaron 𝘩𝘺𝘣𝘳𝘪𝘴: la desmesura de quien, tras el éxito, se cree por encima de todo y de todos. Ovidio lo convirtió en mito con Narciso, que no murió por ser guapo, sino por ser incapaz de ver nada más que su reflejo.
Esa es, quizá, la mejor definición de un liderazgo enfermo: un líder que solo se mira a sí mismo.
Un buen liderazgo se reconoce, muchas veces, por su capacidad de soltar.
¿Por qué hablar de esto ahora?
📍 Vivimos en la 𝗰𝘂𝗹𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗲𝘅𝗽𝗼𝘀𝗶𝗰𝗶𝗼́𝗻. Hoy las redes premian al que se muestra seguro, no siempre al que acierta.
📍 Hay 𝗱𝗲𝘀𝗰𝗼𝗻𝗳𝗶𝗮𝗻𝘇𝗮 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗶𝘁𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀, y eso alimenta la tentación del líder carismático con soluciones sencillas. El carisma no es el problema, pero es donde el narcisismo mejor se camufla.
📍 𝗟𝗼𝘀 𝗿𝗲𝘁𝗼𝘀 𝗮𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗻𝗼 𝗰𝗮𝗯𝗲𝗻 𝗲𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝘀𝗼𝗹𝗮 𝗳𝗶𝗴𝘂𝗿𝗮. Los proyectos en red necesitan escucha, humildad para reconocer errores y generosidad para compartir el mérito.
Un matiz importante: algo de narcisismo es sano. La confianza y las ganas de dejar huella mueven a mucha gente a liderar. El problema llega cuando la necesidad de admiración sustituye al propósito, cuando la crítica se vive como una amenaza y cuando el equipo pasa de ser compañero a ser público.
Así que la pregunta no es solo qué líderes premiamos. Es qué líder estamos siendo cada uno de nosotros.
¿Has trabajado con un líder-espejo? ¿Y con uno de los que sueltan?
Cuéntanoslo en las 𝗜𝗫 𝗝𝗼𝗿𝗻𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗘𝗹 𝗟𝗶́𝗱𝗲𝗿 𝗜𝗺𝗽𝗲𝗿𝗳𝗲𝗰𝘁𝗼, 𝗶𝗻𝘀𝗰𝗿𝗶́𝗯𝗲𝘁𝗲 en bio
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